Es el tercer (y último??) libro de la serie protagonizada por Robert Langdon.
Es, como los otros, un libro ágil, muy entretenido y que mantiene la atención del lector, pero tiene algunos defectos obvios:
En primer lugar, tiene una parte final larguíiiiiiiiiiiiiisima y anticlimática. Cuánto se hubiera ganado con 30 páginas menos.
Es más "esotético" que los otros, y las largas explicaciones - aunque sean dialogadas- pueden llegar a aburrir.
El último "pero" es la localización de la trama. Whashington DC, y dentro de esta ciudad, el "mall" (centro de los edificios gubernamentales?) Al menos desde la situación/educación de un europeo, aun sin haber estado en Paris, Londres o el Vaticano, aun sin haber visto "en vivo" la Mona Lisa o La última cena, todas estas localizaciones y obras de arte son conocidas. Todos nos hacemos una idea de cómo el la pirámide del Louvre o la Plaza de San Pedro, posiblemente porque los hemos visto millones de veces en la tele. Pero ¿Whashington? Queda muy lejos, y no nos son familiares la gran cantidad de edificios que aparecen; nos es difícil hacernos la idea de la situación. Quizás, sin embargo, para un americano medio, estos lugares sean mucho más conocidos, y desde su punto de vista esto sea una ventaja. Relacionado con esto, chirría la constante e insitente propaganda sobre "nuestro país", "los padres de la patria", y los inventos de la CIA. Este es, quizás, el punto más divergente con el resto de novelas.
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